viernes, 17 de abril de 2009

Atrapados y condenados a tirarse al Mar: los Rohingya, musulmanes birmanos


La Comunidad Internacional es consciente de que los 3, 5 millones de musulmanes amantes de la paz de Arakan conocidos como “Rohingya” han sido durante mucho tiempo objeto de persecución a gran escala, el genocidio, la limpieza étnica, la tiranía y el exterminio de los sucesivos regímenes autocráticos birmanos, siendo el peor de todos el Estado para la Paz y el Desarrollo (SPDC), más conocida como la Junta Militar Birmania. Que se ha hecho objeto de todo tipo de violaciones generalizadas contra los derechos humanos, incluida la violación de mujeres y niños, las ejecuciones sumarias, la tortura, la esclavitud, la restricción a la libre circulación, el despojo y la confiscación forzada de tierras, el desplazamiento de poblaciones, que obligaron a que 1,5 millones de Rohingyas se conviertan en apartidas o refugiados, siendo expulsados y debiendo abandonar su tierra ancestral y forma de vida tradicional.


La tragedia de los Rohingya en los barcos de la muerte ha saltado a la prensa internacional reflejando la agonía de esta comunidad musulmana bajo las barras de acero de la Junta. Para los Rohingya su país se había convertido en una lata de sardinas a presión. Se les niega el derecho a la nacionalidad, se les somete a trabajos forzados y se les oprime más que a nadie con impuestos, y son llamados “ kala”- quiere decir los “ negros”, relativo a su vinculación con la India y la diosa Kali-. A pesar de que representan más del 6 % de la población birmana, son sometidos a una dureza y pobreza en las que solo es posible una salida: la emigración forzada.


Muchos son los que quieren huir, pero huir no es tan fácil, a donde huir es otro tema y cuanto cuesta huir el más importante. Algunos de ellos han emigrado a Bangladesh o intentan alcanzar las costas de otros países musulmanes del Sudeste Asiático como Malasia o Indonesia, los más afortunados aspiran a Australia. Mientras los políticos discuten si son refugiados políticos o simplemente emigrantes económicos ellos atraviesan las costas tailandesas del Mar de Andamán en barcos – que recuerdan el esclavismo africano- .


El pasado 15 de diciembre, una primera expedición de seis botes con 412 rohingyas llegaron a la isla tailandesa de Koh Sai Deng. La Marina tailandesa los desembarco en un gran barco sin motor, le dio agua y comida para dos días y los volvió a remolcar disimuladamente a alta mar, pasando el problema a otro. A todos aquellos que se negaron a re-embarcar se les tiró por la borda maniatados. Doce días más tarde la policía de costas indias rescataba a 107 inmigrantes cerca de la isla de Little Andaman, tan solo 600 millas de donde habían sido abandonados. El resto se tirado al mar siguiendo la luz de un faro, desesperados y abandonados, confiando quizás en llegar a la costa murieron ahogados.


El 30 de diciembre, de nuevo 580 rohingyas fueron embarcados a la fuerza en cuatro barcazas sin motores, fueron remolcados a la costa con comida y agua para dos días. Uno de los botes con 193 náufragos fue rescatado en Aceh (Indonesia) el 7 de enero. Otro llego a la isla del archipiélago indio de Nicobar tres días después con 150 inmigrantes. Los otros dos botes restantes con 237 personas se dan ya por desaparecidos.


El ejercito tailandés- con bastantes problemas internos ya- utilizo el argumento de la negación a medida que se pedía información. Pero cuando el hedor de los cuerpos llego a tocar la Carta Universal de los Derechos Humanos el Bangkok Post rompió la obediencia del poder y el silencio y lo sacó en primera plana: era el domingo 19 de enero. El primer ministro Abhisit dijo que iba a abrir una investigación oficial. El alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados pidió poder visitar a los 126 inmigrantes detenidos por el Ejército, pero lo único que obtuvo fue más largas en el asunto.


Lejos de realizar la investigación que habian prometido, el Ministro de Asuntos Exteriores sacó un informe negando las noticias y el maltrato acerca de los inmigrantes Rohingya. “No evidence”- no hay evidencia, y sugirió hacer una reunión con los países vecinos para resolver el problema de la inmigración ilegal.


Fue la CNN quien en un esplendido reportaje fotográfico realizado por un marinero tailandés fotografió los botes llenos de personas y como son remolcados a alta mar. Visitó las playas al Norte de Phuket y allí encontraron las pruebas en el lugar exacto donde los Rohingyas habían sido detenidos. Hablaron con los habitantes de las aldeas, que atemorizados hablaban de la avalancha continua de refugiados birmanos.


El Asean debería abordar la cuestión de Birmania y como sus refugiados e inmigrantes esta también afectando la situación de los países de la zona. La situación de los derechos humanos en Birmania, mejorar el trato de los refugiados y solicitantes de asilo y reforzar la protección de los inmigrantes debería de ser una prioridad en la zona.


La devolución forzosa al mar de los barcos de los Rohingya- refugiados de Birmania, ha llevado a centenares de personas a una muerte segura. Que prueba mayor necesitamos para apelar a la necesidad de soluciones urgentes regionales para el Sudeste de Asia. Los problemas de derechos humanos de la Junta Militar se están extendiendo. La recesión económica mundial, el impacto sobre los derechos de los inmigrantes donde encontramos grandes lagunas en la forma actual del proceder del Gobierno Tailandés, los marcos de política en toda la región está dejando a millones de trabajadores en situación de alto riesgo humanitario y abonando el caldo de cultivo de las mafias humanas.


La tragedia de los Rohingyas, su peligroso éxodo, la poca diligencia en encontrar soluciones revela los importantes fallos que el ASEAN debe de asumir en relación a Birmania. Mientras el ASEAN no plante cara a la Junta Militar Birmana, responsables de los abusos no habrá solución verdadera. A todo hay que sumarle la falta de voluntad política del ASEAN para proporcionar refugio y asilo a quienes huyen de la opresión en Birmania, seguirán siendo las dos caras de la misma moneda.


Pero ¿A quien le importa que cuatro millones de musulmanes mueran? La Junta Militar Birmana sigue negando a sus minorías las libertades básicas, incluida la libertad de expresión, de asociación, de reunión e incluso de matrimonio en el caso de los Rohingyas. Se encarcela a los activistas políticos y defensores de los derechos humanos- el número de presos políticos, se ha duplicado después de la Revolución Azafrán, y ahora asciende a más de 2.150. En el caso de la comunidad musulmana que nos ocupa es urgente debatir que medidas pueden adoptarse, en cooperación con la agencia de refugiados de Naciones Unidas, para protegerles. ¿Acaso no hay tierra posible para los musulmanes birmanos en todo el Sudeste Asiático? Es importante arrancar un compromiso vinculante de toda la región, de todos los Estados miembros del ASEAN a que se ratifique la Convención de Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967 sin mayor demora.


La difícil situación de los Rohingya, agravada por el pésimo comportamiento de las autoridades tailandesas empujando al mar a estos pobres apartidas, debe de ser una llamada de atención internacional, no solo para el ASEAN que debe cambiar su enfoque en el tratamiento de los refugiados y los inmigrantes. Si no a la UE que ya no puede mirar hacia otro lado y cerrar las puertas a los musulmanes que necesitan protección.


Millones de mujeres, niños y hombres del Sudeste Asiático son hoy en día los inmigrantes de Asia y Oriente Medio, se encargan del trabajo doméstico, construcción, manufactura, agricultura y a veces la prostitución. El tráfico humano que emana del Sudeste Asiático y más en concreto de Birmania es un grave problema, y un insulto a la Carta de Derechos Humanos. La inmigración y la represión han alimentado además el caldo de cultivo para que otros países como Malasia y Tailandia abusen de ellos.


Muchos Rogingyas han sido engañados acerca de sus condiciones de trabajo, salarios, han sido maltratados por sus captores- traficantes humanos- deportados, o lanzados al mar cuando se han negado a obedecer… ¿Acaso no tienen los Rohingyas derechos? La desesperación de esta comunidad musulmana a la deriva y las lagunas en la protección legal son una receta perfecta para la explotación y la muerte de millones de personas


Solo medidas concretas por parte de ASEAN a la Junta Militar Birmania, y también a los países miembros para promover y proteger los derechos de las minorías, refugiados e inmigrantes permitirán evolucionar y convertirse realmente en una organización orientada a la acción y dar respuesta a esta comunidad del Sudeste Asiático que es lo que realmente importa en este momento. Mientras tanto los Rohingyas se pudren en el fondo del Andamán, en las cárceles birmanas- donde son presos solo por rezar- o a la espera de que los sus hermanos musulmanes de Malasia o Indonesia hagan algo por ellos.


Debería preocuparnos el genocidio sistemático de los Rohingya, como muchas otras minorías birmanas están siendo victimas de una perdida total de su identidad. No estarán con nosotros en un futuro próximo. Porque la sociedad del siglo XXI los está desintegrando. Nuestra primera preocupación es como podemos protegerles y no contribuir a su exterminio. Los Rohingya llegaron a Birmania en el siglo VII, y tienen que poder vivir en su tierra con dignidad y derechos . Debemos de encontrar una manera de obligar a la Junta Militar Birmana a entrar en diálogo con el ASEAN y las comunidades étnicas y para ello necesitamos que la Comunidad Internacional sepa que los musulmanes birmanos están siendo exterminados.


Concha Pinós

Directora de Birmania por la Paz

www.birmaniaporlapaz.org

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Los Rohingya llevan más de 15 años huyendo. En Bangladesh también son perseguidos como minoría y no reciben asistencia humanitaria oficial. Por eso se ven obligados a huir de un país a otro buscando trabajos ilegales. Las mujeres Rohingya han llegado más allá del confín de la dilapidación humana en los campos, donde la ausencia de agua y las pésimas condiciones de salubridad hace que sea la minoría étnica birmana con mayor índice de mortalidad en partos. El trato inhumano del que son victimas los Roghingya es para romper el corazón de cualquiera si quieres ayudarles y deseas salvar sus vidas, contáctanos en birmaniaporlapaz@yahoo.es te podemos contar que hacer por ellos.